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Día 35

El amor busca consejo sabio

«Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abundan los consejeros, prosperan».

Proverbios 15,22

Las secoyas gigantes pueden alcanzar alturas extraordinarias y resistir vientos intensos, tormentas e incendios.

Sin embargo, uno de los secretos de su fortaleza no se encuentra solamente en lo que vemos sobre la superficie.

Bajo la tierra, sus raíces se extienden y se entrelazan con las raíces de otros árboles.

Así, cuando llegan los vientos fuertes, no permanecen completamente aisladas.

Se sostienen unas a otras.

Algo semejante sucede con el matrimonio.

Una pareja que intenta enfrentar sola todas sus dificultades puede mantenerse firme durante un tiempo, pero será mucho más vulnerable cuando las pruebas se vuelvan intensas.

En cambio, los esposos que se rodean de matrimonios sólidos, personas sabias y acompañamiento espiritual pueden recibir orientación, corrección y fortaleza cuando más lo necesitan.

El matrimonio no fue creado para caminar completamente aislado.

Dios puede utilizar el testimonio y la experiencia de otros matrimonios para ayudarnos a permanecer firmes.

Todos necesitamos consejo

La persona sabia no cree que ya conoce todas las respuestas.

Reconoce que puede equivocarse, que sus emociones pueden confundirla y que, en momentos de dolor, enojo o desesperación, podría tomar decisiones que después lamentará.

La Escritura advierte:

«Al necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio atiende al consejo».

Proverbios 12,15

Pedir consejo no significa ser débil.

Significa reconocer que otras personas pueden advertir peligros que nosotros todavía no vemos.

También significa permitir que alguien con mayor experiencia nos ayude a no repetir errores que ya destruyeron otros matrimonios.

No toda opinión merece entrar en tu matrimonio

Pedir consejo no significa abrir la puerta de tu matrimonio a cualquier persona.

No todas las opiniones poseen el mismo valor.

Existen personas que opinan con mucha seguridad sobre la vida matrimonial aunque nunca hayan construido un matrimonio estable.

Hablan como si fueran expertas, pero su propia vida no muestra los frutos de aquello que pretenden enseñar.

No permitas que personas sin experiencia ni éxito matrimonial dirijan tu matrimonio.

Una opinión no se convierte automáticamente en sabiduría solamente porque alguien la exprese con seguridad.

No conviene buscar dirección matrimonial en personas solteras que nunca han vivido las responsabilidades, renuncias, conflictos y compromisos propios del matrimonio.

Tampoco resulta prudente permitir que alguien cuya vida sentimental ha estado formada por una sucesión de relaciones fallidas, inestabilidad o encuentros sexuales sin compromiso pretenda enseñarte cómo cuidar una alianza matrimonial.

No es sensato entregar la dirección de tu matrimonio a personas divorciadas cuya propia historia no muestra restauración, aprendizaje, responsabilidad ni frutos visibles de fidelidad.

Tampoco debes convertir en mentora matrimonial a una madre soltera que no posee experiencia en la construcción y conservación de un matrimonio estable.

Esto no significa que una persona soltera, divorciada o madre soltera carezca de dignidad, inteligencia o valor.

Significa que no posee el testimonio matrimonial que se necesita para ocupar el lugar de guía dentro de una relación conyugal.

Puede tener experiencia en trabajo, maternidad, administración, estudios, salud u otras áreas.

Pero cuando se trata de aprender a conservar una alianza matrimonial, debes buscar a quienes hayan demostrado con su vida que saben permanecer, perdonar, reconstruir y perseverar juntos.

Nadie buscaría un entrenador de natación que nunca ha aprendido a nadar.

Nadie contrataría a un arquitecto que jamás ha construido una casa.

Nadie confiaría una cirugía a quien nunca ha operado.

Del mismo modo, cuando se trata del matrimonio, lo más prudente es buscar consejo en quienes han demostrado con su propia vida que saben construir, proteger y conservar un matrimonio.

«No busques consejos sobre cómo construir un matrimonio duradero en quienes nunca lo han construido».

El consejo matrimonial debe venir de un matrimonio ejemplar

Cuando necesites orientación, busca un matrimonio de muchos años que permanezca unido y muestre frutos visibles de respeto, fidelidad, humildad y amor.

Busca esposos que hayan atravesado pruebas reales.

Personas que hayan enfrentado dificultades económicas, enfermedades, conflictos familiares, diferencias de carácter, crianza de los hijos y temporadas de sufrimiento sin abandonar su alianza.

Observa cómo se tratan.

Mira si se respetan cuando no están de acuerdo.

Examina si hablan con prudencia, si protegen la intimidad de su matrimonio y si su hogar muestra la presencia de Dios.

No elijas mentores solamente porque llevan muchos años casados.

Algunas parejas han permanecido bajo el mismo techo durante décadas, pero viven en desprecio, infidelidad, indiferencia o resentimiento.

La duración importa, pero también importan los frutos.

El mentor adecuado debe reflejar el tipo de matrimonio que tú deseas construir.

El criterio principal no es la popularidad, los títulos ni la facilidad para hablar.

El criterio es el testimonio de vida.

Protege tu matrimonio de las opiniones externas

Muchas crisis matrimoniales empeoran porque uno de los esposos empieza a contar cada discusión a personas que no aman ni respetan el matrimonio.

Compañeros de trabajo, amistades resentidas, familiares entrometidos o personas con una vida sentimental desordenada pueden comenzar a opinar sobre asuntos que no les corresponden.

Algunas dirán:

“Yo no aguantaría eso”.

“Déjalo y busca a alguien mejor”.

“Tú mereces ser feliz”.

“No tienes que darle explicaciones”.

“Haz tu vida y que él o ella resuelva la suya”.

Estas frases pueden sonar como apoyo, pero muchas veces alimentan el egoísmo, el resentimiento y la ruptura.

Quien no respeta el carácter sagrado del matrimonio no debería recibir autoridad para dirigir el tuyo.

Tu vida matrimonial no es una conversación pública.

No permitas que todo el mundo opine, tome partido o introduzca sus frustraciones personales dentro de tu hogar.

Existen asuntos que deben permanecer entre los esposos.

Y cuando realmente sea necesaria ayuda externa, debe buscarse en personas prudentes, discretas, fieles a Dios y comprometidas con la conservación del matrimonio.

Pedir consejo no es buscar aprobación

Existe una gran diferencia entre buscar sabiduría y buscar a alguien que confirme lo que ya decidiste.

Algunas personas consultan a un amigo, luego a otro y después a otro más, hasta encontrar a quien finalmente les diga lo que desean escuchar.

No buscan corrección.

Buscan permiso.

Quizá ya decidieron abandonar el matrimonio, iniciar una relación indebida, esconder dinero, tomar una deuda, castigar al cónyuge o actuar por venganza.

Entonces buscan una persona que justifique su decisión.

El consejo sabio no siempre te dirá lo que quieres escuchar.

Algunas veces te pedirá que cambies, que reconozcas tu culpa, que pidas perdón o que abandones una decisión equivocada.

Un verdadero mentor no alimentará tu orgullo.

Tampoco te ayudará a manipular, castigar o destruir a tu esposo o a tu esposa.

Te confrontará con la verdad, aunque resulte incómoda.

Te recordará tus votos, tus responsabilidades y la voluntad de Dios.

Busca acompañamiento católico

Cuando el matrimonio atraviesa una crisis grave, no siempre basta con hablar con una pareja amiga.

Puede ser necesario acudir a un sacerdote prudente, a un director espiritual, a un matrimonio católico experimentado o a un profesional que respete la fe y la naturaleza sacramental del matrimonio.

Si existe infidelidad, adicción, violencia, abandono, engaño económico o una herida profunda, la ayuda debe buscarse con seriedad.

No esperes hasta que la relación esté completamente destruida.

La humildad para pedir ayuda a tiempo puede evitar años de dolor.

Pero incluso cuando interviene un mentor, sacerdote o terapeuta, esa persona no debe reemplazar el diálogo entre los esposos ni tomar las decisiones que les corresponden.

El consejo orienta.

El matrimonio discierne.

Y cada esposo dará cuenta a Dios de sus propias decisiones.

«Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios».

Romanos 14,12

El desafío de hoy

Busca un matrimonio que pueda servir como mentor para el tuyo.

Elige a una pareja de muchos años de matrimonio, fiel a Dios, estable, discreta y con frutos visibles de amor, respeto, perdón y perseverancia.

No busques como mentores matrimoniales a personas solteras, madres solteras, divorciados sin un testimonio claro de restauración, ni personas con una historia constante de relaciones sentimentales fallidas.

Busca a quienes hayan construido con su vida aquello que tú deseas proteger.

Habla con tu cónyuge antes de elegirlos.

Oren juntos y pidan a Dios que les muestre una pareja adecuada.

Después, acérquense con humildad y pregúntenles si estarían dispuestos a orientarlos, orar por ustedes y acompañarlos cuando necesiten consejo.

Durante este proceso, pídanle al Señor discernimiento para reconocer la verdad y humildad para aceptar la corrección.

Oración que puedes realizar

Señor, reconozco que no tengo todas las respuestas.

Muchas veces he confiado demasiado en mi propia opinión y he rechazado toda corrección.

Perdóname por las decisiones que tomé con orgullo, enojo o desesperación.

Perdóname cuando busqué personas que aprobaran mis deseos en lugar de buscar la verdad.

Perdóname si permití que amistades, familiares o personas sin experiencia matrimonial influyeran indebidamente en mi relación.

Ayúdame a proteger la intimidad de nuestro matrimonio.

Dame prudencia para reconocer quién merece entrar en nuestros asuntos y quién no debe tener autoridad sobre nuestras decisiones.

Pon en nuestro camino un matrimonio fiel, estable y temeroso de Dios.

Permítenos aprender de esposos que hayan perseverado en las pruebas, que sepan perdonarse y que reflejen con su vida la fidelidad del Evangelio.

Danos humildad para escuchar cuando nos corrijan.

Líbranos de buscar solamente palabras que confirmen nuestros deseos.

Ayúdanos a recibir el consejo que nos acerque a Ti, aunque resulte incómodo.

No permitas que personas resentidas, inexpertas o contrarias al matrimonio siembren división entre nosotros.

Danos sabiduría para distinguir entre una opinión humana y un consejo verdaderamente prudente.

Cuando nuestro matrimonio atraviese dificultades, no permitas que el orgullo nos haga caminar solos.

Concédenos la gracia de pedir ayuda antes de que las heridas se vuelvan más profundas.

Que toda orientación que recibamos proteja nuestros votos, fortalezca nuestra unidad y nos conduzca a cumplir tu voluntad.

Haz de nuestro matrimonio un testimonio de fidelidad que algún día también pueda ayudar a otros.

En el nombre de Jesús.

«En la abundancia de consejeros está la victoria».

Proverbios 11,14

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