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Dia 2 “Sed amables y compasivos unos con otros,
perdonándoos mutuamente como Dios os perdonó en Cristo.”
(Efesios 4,32 – Biblia de Jerusalén, edición 2009)

La amabilidad es el amor en acción.
Si la paciencia es la manera en que el amor reacciona para reducir al mínimo una circunstancia negativa, la amabilidad es la manera en que el amor actúa para aumentar al máximo una circunstancia positiva.
​
La paciencia evita un problema; la amabilidad crea una bendición.
Una es preventiva; la otra es dinámica.

Estas dos caras del amor son las piedras angulares sobre las cuales se construyen los demás atributos que trataremos.

El amor te hace amable. Y la amabilidad te hace agradable.
Cuando eres amable, las personas quieren estar cerca de ti. Perciben que eres bueno con ellas y que les haces bien.

La Biblia declara:
“Que la misericordia y la fidelidad no te abandonen; átalas a tu cuello,
escríbelas en la tabla de tu corazón.
Y hallarás favor y aprobación a los ojos de Dios y de los hombres.”
(Proverbios 3,3-4 – BJ 2009)

“Amabilidad” puede parecer un término amplio para definir, y más aún para practicar.
Así que la separaremos en cuatro ingredientes esenciales:
  • Dulzura: Cuando obras con amabilidad, cuidas la forma en que tratas a tu cónyuge y jamás eres severo sin razón. Aún si es necesario decir algo difícil, lo haces con ternura, de manera que sea más fácil de recibir. Dices la verdad con amor.
  • Servicio: Ser amable significa cubrir necesidades. Si se trata de tareas domésticas, te pones a trabajar. ¿Hace falta un oído dispuesto? Lo brindas. La amabilidad adorna a la esposa con capacidad de servicio y motiva al esposo a adelantarse a las necesidades de su esposa, incluso si las suyas quedan en espera.
  • Buena disposición: La amabilidad te inspira a cooperar. En vez de quejarte o poner excusas, buscas llegar a un acuerdo. Un esposo amable termina miles de discusiones con su disposición de escuchar antes de exigir.
  • Iniciativa: La amabilidad piensa por adelantado y da el primer paso. No espera ser impulsada u obligada. Es el que saluda primero, sonríe primero, sirve primero y perdona primero. No depende de que el otro actúe bien para demostrar amor.






Jesús ilustró la amabilidad en la parábola del buen samaritano (Lucas 10): un hombre herido fue ignorado por líderes religiosos, pero un samaritano, pese a la enemistad cultural, se conmovió, curó sus heridas, lo llevó a salvo y pagó sus gastos. Un acto de amabilidad unió a dos enemigos.
¿Acaso no fue la amabilidad lo que los unió al principio de su matrimonio?

Aunque los años pasen, el gozo en la vida conyugal sigue dependiendo del nivel diario de amabilidad expresada.
​
La Biblia describe a la mujer virtuosa:
“Abre su boca con sabiduría, y en su lengua hay enseñanza fiel.”
(Proverbios 31,26 – BJ 2009)

Pregúntate: ¿Cómo te evaluaría tu cónyuge en amabilidad?
¿Eres severo o dulce?
¿Esperas a que te pidan ayuda o tomas la iniciativa?
El amor no se basa en sentimientos sino en decisiones. Amar es determinarse a practicar la amabilidad incluso cuando parece no haber recompensa. Nunca aprenderás a amar hasta que aprendas a ser amable.

El desafío de hoy
Hoy también, además de no decir nada negativo a tu cónyuge, realiza al menos un gesto inesperado como acto de amabilidad.
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