DÍA 32: EL AMOR CUIDA LA INTIMIDAD CONYUGAL
“Que el marido dé a su mujer lo que le debe, y de igual modo la mujer al marido.” (1 Co 7,3)
Meditación
Algunas personas creen que la Biblia no tiene nada bueno que decir acerca de la sexualidad, como si lo único importante para Dios fuera prohibirla y señalar con quién puede o no puede vivirse.
Sin embargo, la Sagrada Escritura presenta la intimidad conyugal como un don de Dios reservado para el matrimonio.
Dios estableció límites para proteger la dignidad de los esposos, la fidelidad matrimonial y el profundo significado de la unión de sus cuerpos.
El Cantar de los Cantares celebra con belleza el amor entre el esposo y la esposa. Habla del deseo, de la admiración mutua y de la alegría de pertenecer el uno al otro.
La sexualidad dentro del matrimonio no es algo sucio ni vergonzoso.
No es pecado que un esposo desee a su esposa ni que una esposa desee a su esposo.
Cuando se vive con amor, fidelidad, respeto y apertura a la voluntad de Dios, la intimidad es una expresión legítima y hermosa de la alianza matrimonial.
La intimidad no lo es todo dentro del matrimonio, pero sí constituye una parte importante de la comunión entre los esposos.
No sustituye el diálogo, el respeto, la ternura, la fidelidad ni la vida espiritual, pero puede fortalecerlos cuando nace de un amor cultivado durante todo el día.
Dios creó diferentes al hombre y a la mujer
Dios creó al hombre y a la mujer con diferencias físicas, hormonales y emocionales que también se manifiestan en la manera de experimentar el deseo.
El organismo masculino posee naturalmente una concentración de testosterona mucho mayor que el organismo femenino, y esta hormona influye de manera importante en el deseo sexual.
Por eso, en muchos matrimonios, el esposo puede experimentar con mayor frecuencia el deseo de cercanía física e intimidad.
Esto no significa que todos los hombres reaccionen de la misma manera ni que las mujeres carezcan de deseo.
Significa que los esposos necesitan conocer y respetar sus diferencias, sin ridiculizar, avergonzar ni despreciar las necesidades del otro.
Como esposas, conviene comprender que el deseo frecuente de nuestro esposo no necesariamente es egoísmo, falta de espiritualidad o una obsesión.
Muchas veces es una manera profundamente importante para él de sentirse amado, aceptado, deseado y unido a su esposa.
Del mismo modo, el esposo necesita comprender que para muchas mujeres el deseo suele estar relacionado con la seguridad emocional, el descanso, el trato recibido, la ternura y la manera en que ha sido cuidada durante el día.
Amar exige que ambos procuren comprenderse, no que cada uno espere que el otro funcione exactamente como él.
La intimidad comienza mucho antes del encuentro
La intimidad matrimonial no comienza únicamente en la habitación.
Comienza en la manera en que los esposos se miran, se hablan y reconocen el esfuerzo del otro durante el día.
Comienza cuando la esposa observa las habilidades de su esposo y reconoce el beneficio concreto que su trabajo produjo para la familia.
No necesita pronunciar un discurso largo. Basta con mirar aquello que él hizo y agradecerle de manera sincera:
“Amor, gracias por cambiar el foco que se fundió.”
“Gracias por reparar los frenos del auto. Ahora conduciré con mayor tranquilidad, porque sé que, si algún día debemos frenar ante una situación inesperada, los frenos responderán correctamente y tus hijos y yo estaremos más seguros gracias al tiempo y al esfuerzo que dedicaste para protegernos.”
“Gracias por instalar los desagües para que el agua no vuelva a mojar el patio. Cuando llueva la próxima vez, podremos salir a tomar un café juntos y contemplar la lluvia sin preocuparnos porque todo se inunde.”
“Gracias por construir la cochera techada para proteger los autos. Ahora los bienes que hemos adquirido con tanto esfuerzo estarán mejor resguardados del sol y de la lluvia.”
Cuando una esposa pronuncia estas palabras, no solo agradece una reparación, una instalación o una construcción.
También le permite a su esposo comprender que su esfuerzo produjo seguridad, tranquilidad, protección y bienestar para la familia.
El hombre suele sentirse profundamente valorado cuando descubre que sus habilidades y su trabajo tuvieron un resultado positivo en la vida de su esposa y de sus hijos.
Por eso, no agradezcas únicamente la tarea realizada. Reconoce también el beneficio que esa tarea produjo dentro del hogar.
La intimidad también comienza cuando el esposo presta atención al esfuerzo que su esposa realiza para cuidarse y continuar siendo atractiva para él.
Muchas mujeres se sienten amadas cuando su esposo observa los pequeños detalles y expresa con palabras aquello que le agrada:
“Qué bonita te ves hoy.”
“Me gusta mucho cómo te peinaste. Tu cabello se ve muy bonito así.”
“Hueles muy rico. Me encanta ese perfume en ti.”
“Qué bonitas quedaron tus uñas.”
“Ese color te queda muy bien.”
“Me gusta verte arreglada así.”
Para la esposa, estas palabras no son cumplidos vacíos.
Son la confirmación de que su esposo observó el tiempo, el cuidado y el esfuerzo que ella dedicó para verse y sentirse bien.
Cuando él nota su cabello, su perfume, sus uñas, su ropa o cualquier otro detalle, ella se siente mirada, deseada y valorada.
Ese reconocimiento puede motivarla a continuar cuidándose físicamente, emocionalmente y espiritualmente, porque sabe que su esposo aprecia el esfuerzo que realiza.
Los esposos necesitan aprender a hablar el lenguaje que llega al corazón del otro.
El hombre suele sentirse amado cuando su esposa reconoce sus habilidades, su trabajo y la manera en que protege y mejora la vida de su familia.
La mujer suele sentirse amada cuando su esposo observa su belleza, reconoce los detalles que ella cuidó y le expresa que continúa siendo atractiva para él.
Estas palabras sencillas preparan el corazón mucho antes del encuentro íntimo.
Cuando el esposo y la esposa se sienten vistos, apreciados y valorados durante el día, la cercanía física deja de sentirse como una exigencia aislada y puede convertirse en la expresión corporal de un amor que ya estaba siendo cultivado.
Aprender a descubrir el amor que muchas veces pasa desapercibido
Muchas veces las mujeres esperamos escuchar palabras de amor, pero olvidamos que muchos hombres aprendieron a amar de otra manera.
Quizá no repiten todos los días: "Te amo" o "Gracias por todo lo que haces".
Sin embargo, pasan el domingo entero debajo del automóvil tratando de reparar una falla para que su esposa y sus hijos viajen seguros.
Pasan horas construyendo una cerca para proteger la casa, arreglando una tubería para que no haya una fuga, instalando una lámpara para que el hogar esté mejor iluminado o reparando aquello que se rompió durante la semana.
Ellos muchas veces expresan su amor con sus manos.
Lo expresan con el sudor de su frente.
Con el dolor de su espalda al terminar el día.
Con el calor que soportan trabajando bajo el sol.
Con las incomodidades que aceptan para que su familia viva un poco mejor.
Esa también es una forma de decir: "Los amo."
Tal vez nunca lo pronuncien con esas palabras, pero lo repiten cada vez que protegen el hogar, cuidan el patrimonio de la familia o dedican su tiempo a resolver un problema para que su esposa y sus hijos vivan con mayor tranquilidad.
Recuerdo que un día descubrí algo que me hizo sonreír y, al mismo tiempo, me conmovió profundamente.
Desde que compramos nuestra camioneta, el seguro de la puerta del pasajero no funcionaba correctamente. Sin embargo, yo nunca me di cuenta.
Algunas veces intentaba abrir la puerta y no podía. Jalaba la manija, presionaba los botones una y otra vez y me preguntaba por qué unas veces abría y otras no. Pensaba que simplemente la puerta me odiaba :P
Mientras tanto, mi esposo siempre hacía lo mismo. Antes de que yo siquiera reaccionara, presionaba el botón desde su lado para abrir el seguro. Yo salía del vehículo sin darle mayor importancia y él únicamente sonreía.
Nunca me explicó lo que hacía. Nunca me dijo que el seguro estaba descompuesto. Simplemente lo hacía.
Un día, por alguna razón, presté atención. Cuando estacionó la camioneta, vi que el seguro de mi puerta seguía cerrado. Entonces observé cómo, con toda naturalidad, estiró la mano y presionó el botón para abrirlo.
Le pregunté:
"¿Por qué me abriste el seguro de la puerta?"
Me respondió con total tranquilidad:
"¿No te habías dado cuenta? Ese seguro nunca ha funcionado desde que compramos la camioneta."
Sorprendida, le pregunté:
"¿Entonces todo este tiempo tú me has estado abriendo la puerta?"
Sonrió y simplemente respondió:
"Sí."
Me quedé completamente enamorada de ese pequeño gesto.
No porque me hubiera abierto una puerta, sino porque comprendí que durante dos años había estado pendiente de una necesidad mía sin decírmelo, sin esperar un agradecimiento y sin pensar que algún día yo descubriría lo que hacía.
Ese día entendí que muchas veces el amor no hace ruido.
Simplemente está ahí, escondido en pequeños actos de servicio que terminan volviéndose tan cotidianos que dejamos de verlos.
Quizá durante años esperaste escuchar el amor con los oídos, cuando tu esposo llevaba mucho tiempo expresándolo con sus manos.
Hasta el día de hoy, mi esposo sigue abriéndome el seguro de la puerta cada vez que nos detenemos.
Yo ya ni siquiera intento abrirla. Me quedo esperando, y él, entre risas, presiona el botón y me dice:
"Aquí está tu puerta automática."
Los dos sonreímos.
Cada vez que sucede, recuerdo que el amor verdadero no siempre se expresa con grandes discursos. Muchas veces se manifiesta en pequeños actos cotidianos de servicio, tan sencillos que podrían pasar desapercibidos, pero que dicen con fuerza: "Estoy pendiente de ti. Quiero cuidarte."
Quizá durante años esperaste escuchar el amor con los oídos, cuando tu esposo llevaba mucho tiempo expresándolo con sus manos.
¿Cuántas cosas hará tu esposo cada día que quizá nunca has notado?
Tal vez siempre revisa el aire de las llantas antes de salir de viaje.
Tal vez siempre carga gasolina para que no tengas que detenerte.
Tal vez revisa que las puertas queden bien cerradas antes de dormir.
Tal vez cambia un foco, arregla una fuga, saca la basura, carga las cosas pesadas o se levanta temprano para resolver un problema antes de que tú siquiera lo descubras.
Quizá siempre camina del lado de la calle cuando salen juntos, procurando protegerte sin que lo notes.
Muchas veces pensamos que esas acciones simplemente forman parte de sus obligaciones.
Sin embargo, detrás de muchas de ellas hay un hombre que, a su manera, está diciendo todos los días: "Quiero cuidarte."
Tal vez durante años esperaste escuchar el amor con los oídos, cuando él llevaba mucho tiempo expresándolo con sus manos.
Cuando una esposa aprende a descubrir y agradecer esos pequeños actos de servicio, el esposo no solo se siente reconocido por el trabajo que realizó. También se siente comprendido en una forma de amar que muchas veces nunca supo expresar con palabras.
No utilices el rechazo como arma
San Pablo enseña que el esposo y la esposa tienen deberes recíprocos dentro de la intimidad matrimonial.
También recuerda que ninguno debe considerar el cuerpo del otro como una posesión, sino reconocer que ambos se han entregado libremente dentro de una alianza de amor.
Esta entrega nunca autoriza la violencia, la imposición, la humillación ni la presión.
Pero tampoco es justo utilizar la intimidad como premio, castigo, chantaje o instrumento para controlar al cónyuge.
Rechazar constantemente al esposo o a la esposa sin explicar lo que ocurre puede herir profundamente sus sentimientos y su autoestima.
Puede hacerle sentir que ya no es atractivo, que su cuerpo provoca rechazo, que sus deseos son vergonzosos o que dejó de ser amado por la persona con quien esperaba compartir esa intimidad.
Cuando uno de los esposos se siente rechazado repetidamente, la distancia emocional puede crecer y la relación puede quedar más vulnerable ante las tentaciones.
Esto jamás justifica el adulterio, porque cada persona es responsable de sus decisiones y debe permanecer fiel incluso en medio de las dificultades.
Sin embargo, los esposos tampoco deben ignorar que el abandono afectivo y sexual prolongado puede abrir heridas, resentimientos y espacios peligrosos que deben atenderse antes de que se conviertan en una crisis mayor.
No esperes a que tu cónyuge se sienta desesperado, humillado o tentado para comenzar a hablar de este asunto.
Si existe cansancio, dolor, enfermedad, cambios hormonales, heridas emocionales, resentimiento o alguna dificultad física, explícalo con sinceridad.
No te limites a decir “no” y dejar al otro confundido.
Hazle saber que comprendes su necesidad, que no estás rechazando su persona y que deseas encontrar juntos una manera de recuperar la cercanía.
Pueden preparar el encuentro
Algunas personas creen que programar un momento para la intimidad le quita espontaneidad o romanticismo.
Pero cuando existen hijos, trabajo, cansancio, responsabilidades y horarios difíciles, acordar un día o una hora puede ser una forma concreta de proteger la vida matrimonial.
Hablen con confianza.
Pregúntense qué día pueden estar más descansados, cuándo tendrán privacidad y qué necesitan para encontrarse con una mejor disposición.
No tiene nada de malo decir:
“Amor, hoy estoy muy cansada, pero no quiero que sientas que te rechazo. ¿Podemos reservar mañana por la noche para nosotros y prepararnos con calma?”
Cumplan el acuerdo siempre que sea posible.
No lo utilicen para aplazar indefinidamente el encuentro ni para ofrecer una promesa que después nunca se cumple.
Prepárense físicamente con higiene, cuidado personal y atención a aquello que agrada al cónyuge.
Procuren descansar, evitar discusiones innecesarias, apagar los teléfonos y crear un ambiente donde ambos puedan sentirse tranquilos.
Prepárense también emocionalmente.
No lleguen al encuentro cargando desprecio, amenazas, burlas o heridas que se niegan a reconocer.
Si existe un conflicto, busquen reconciliarse y hablar con respeto.
Y prepárense espiritualmente, recordando que Dios no está ausente de la intimidad legítima de los esposos.
Pueden hacer una oración breve antes de encontrarse, agradecer por el cónyuge recibido y pedir que ese momento fortalezca su amor, su fidelidad y su unidad.
El acto conyugal es una entrega, no una negociación
La intimidad no debe utilizarse para conseguir dinero, permisos, regalos, favores o ventajas.
Tampoco debe darse con desprecio, indiferencia o una actitud que haga sentir al cónyuge como una carga.
Ambos deben procurar el bien del otro, escuchar sus necesidades, respetar sus límites y aprender a expresar con claridad lo que les ayuda a sentirse amados.
San Pablo escribe: “No os privéis el uno del otro, a no ser de común acuerdo, por cierto tiempo, para dedicaros a la oración; después volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia” (1 Co 7,5).
Esta enseñanza no autoriza a exigir el cuerpo del otro.
Invita a los esposos a no descuidar deliberadamente una dimensión importante de su alianza y a resolver sus diferencias mediante el acuerdo, el diálogo y la caridad.
No todo es sexualidad dentro del matrimonio.
Pero tampoco debe tratarse como si fuera algo insignificante, innecesario o vergonzoso.
Es una manera de decir con el cuerpo:
“Te recibo, te pertenezco, te elijo nuevamente y deseo seguir construyendo contigo esta alianza.”
El desafío de hoy
Habla hoy con tu cónyuge acerca de su intimidad matrimonial.
Hazlo sin acusaciones, burlas ni exigencias.
Pregúntale qué necesita para sentirse amado, deseado, respetado y comprendido en esta área.
Escucha su respuesta sin defenderte inmediatamente.
Si es posible y ambos están de acuerdo, busquen hoy un momento para encontrarse íntimamente.
Si hoy no es posible, acuerden un día y una hora próximos, y prepárense física, emocional y espiritualmente para ese encuentro.
Durante el día, expresa admiración por alguna cualidad, talento, esfuerzo o servicio concreto de tu cónyuge.
No utilices una frase general.
Dile exactamente qué valoras:
- “Gracias por reparar aquello que necesitábamos en la casa.”
- “Admiro tu capacidad para resolver problemas.”
- “Gracias por el esfuerzo que haces para sostener a nuestra familia.”
- “Me gusta la ternura con la que cuidas a nuestros hijos.”
Pídele a Dios que sane toda herida, rechazo, vergüenza o resentimiento que haya creado distancia entre ustedes.
Oración que puedes realizar
Señor,
gracias por haber creado el matrimonio y por permitir que el esposo y la esposa puedan amarse también mediante la entrega de sus cuerpos.
Perdóname si alguna vez consideré la intimidad matrimonial como algo sucio, vergonzoso o separado de Ti.
Ayúdame a comprender que, vivida con fidelidad, respeto y amor, es un regalo que puede fortalecer nuestra unión.
Perdóname si he rechazado repetidamente a mi esposo o a mi esposa sin explicarle lo que ocurría dentro de mí.
Perdóname si con mis palabras, mis gestos o mi indiferencia le hice sentir que no era atractivo, que sus deseos eran vergonzosos o que ya no lo amaba.
Perdóname si utilicé la intimidad como castigo, premio, negociación o medio para controlar a mi cónyuge.
Perdóname si ignoré sus necesidades durante demasiado tiempo y permití que crecieran entre nosotros la soledad, el resentimiento y la distancia.
Protege nuestro matrimonio de toda tentación de adulterio, pornografía, infidelidad emocional o búsqueda desordenada de satisfacción fuera de nuestra alianza.
Danos la gracia de permanecer fieles aun cuando atravesemos dificultades, recordando que ninguna herida ni rechazo justifica traicionar nuestros votos.
Enséñanos a hablar con sinceridad sobre nuestros deseos, temores, cansancio, heridas y necesidades.
Ayúdanos a llegar a acuerdos concretos y a reservar tiempo para encontrarnos sin prisas, sin distracciones y con buena disposición.
Enséñanos a prepararnos físicamente con limpieza, cuidado y consideración por el otro.
Prepáranos emocionalmente para tratarnos con ternura, paciencia y respeto.
Y prepáranos espiritualmente para recibir este encuentro con gratitud y ponerlo en tus manos.
Ayúdame a cultivar la intimidad desde mucho antes, mediante palabras que reconozcan los talentos, el esfuerzo y las cualidades de mi cónyuge.
Que sepa agradecer las pequeñas cosas: una reparación en el hogar, una responsabilidad cumplida, una jornada de trabajo, una comida preparada o un gesto de cuidado.
No permitas que dé por sentado todo lo bueno que mi esposo o mi esposa hace por nuestra familia.
Sana las heridas que hayan nacido del rechazo, la frialdad, la presión, la incomprensión o la falta de comunicación.
Que ninguno de nosotros se sienta utilizado, obligado, ignorado ni despreciado.
Enséñanos a entregarnos libremente, a cuidar el cuerpo y el corazón del otro, y a buscar mutuamente nuestro bien.
Que nuestra intimidad nunca esté separada del amor, de la fidelidad, de la ternura ni de nuestra vida contigo.
Bendice nuestros encuentros y permite que nos acerquen como esposos, fortalezcan nuestra alianza y nos ayuden a recordar que seguimos eligiéndonos cada día.
Amén.