DÍA 30: EL AMOR TRAE UNIDAD
«Padre santo, cuídalos en tu nombre, el que me has dado, para que sean uno como nosotros.» (Juan 17,11)
Meditación
Algo asombroso de la Sagrada Escritura es la unidad que mantiene de principio a fin. Aunque fue escrita a lo largo de muchos siglos por numerosos autores inspirados por el Espíritu Santo, anuncia un único plan de salvación y revela al mismo Dios.
La unidad atraviesa toda la historia de la salvación y tiene su origen en Dios mismo.
Desde el principio contemplamos la acción creadora de Dios. La Iglesia reconoce que toda la Trinidad participa inseparablemente en la obra de la creación: el Padre crea por medio del Hijo y en el Espíritu Santo (cf. Génesis 1; Juan 1,1-3).
Cuando Dios dice:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Génesis 1,26),
los cristianos contemplamos este pasaje a la luz de la revelación plena de la Santísima Trinidad.
Más adelante, en el bautismo de Jesús, vemos manifestarse claramente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo:
«Apenas fue bautizado Jesús, salió del agua; en ese momento se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y venir sobre él. Y una voz salida de los cielos decía: "Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco".» (Mateo 3,16-17)
Jesús mismo declaró:
«Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.» (Juan 6,38)
Y prometió enviar al Espíritu Santo para conducir a sus discípulos a la verdad plena y dar testimonio de Él (cf. Juan 15,26).
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Personas divinas y un solo Dios. Viven desde toda la eternidad en perfecta comunión de amor. Esa unidad perfecta inspira la vida cristiana y se convierte también en modelo para el matrimonio.
Por eso, desde el comienzo, Dios quiso que el hombre y la mujer fueran:
«Una sola carne.» (Génesis 2,24)
Y Jesucristo confirmó:
«Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.» (Marcos 10,9)
El matrimonio no reproduce el misterio de la Trinidad, pero sí refleja, de manera limitada y humana, esa comunión de amor, entrega y fidelidad que proviene de Dios.
San Pablo enseña que el amor entre Cristo y la Iglesia es el modelo del matrimonio cristiano (Efesios 5,25-32). Así como Cristo ama, santifica y permanece fiel a su Iglesia, también los esposos están llamados a buscar la unidad, sirviéndose mutuamente y ayudándose a caminar hacia la santidad.
La unidad no significa pensar siempre igual ni perder la propia personalidad. Significa caminar juntos hacia Dios, aprendiendo a amar incluso en medio de las diferencias.
Esposo: ¿Qué sucedería si decidieras amar, honrar y servir a tu esposa con mayor entrega cada día?
Esposa: ¿Qué sucedería si asumieras como misión proteger la unidad de tu hogar con humildad, oración y paciencia?
Toda amenaza contra la unidad merece ser tomada en serio. El egoísmo, el orgullo, la indiferencia, el resentimiento y la falta de diálogo son enemigos silenciosos del matrimonio y deben combatirse con la gracia de Dios.
La comunión de la Santísima Trinidad nos recuerda que la verdadera unidad nunca destruye a las personas, sino que las perfecciona en el amor.
Por eso, amar a tu cónyuge es también honrar la alianza que Dios les ha confiado. Cuando cuidas esa alianza, glorificas al Señor que los llamó a caminar juntos.
La unidad matrimonial no surge por casualidad. Se construye cada día mediante el perdón, la comunicación sincera, la oración compartida, la fidelidad y la gracia que Dios concede en el sacramento del Matrimonio.
El desafío de hoy
Identifica una causa concreta de división dentro de tu matrimonio.
Pide al Señor que primero te muestre qué actitud personal necesita ser transformada.
Ora también por tu cónyuge y, si las circunstancias lo permiten y existe un ambiente de respeto y seguridad, conversen con sinceridad buscando juntos la reconciliación y la unidad.
Pregúntate:
- ¿Qué actitud mía está debilitando nuestra unidad?
- ¿Qué puedo hacer hoy para fortalecer nuestra comunión?
- ¿Estoy buscando tener la razón o conservar la unidad?
- ¿Cómo puedo reflejar mejor el amor de Cristo dentro de mi matrimonio?
Oración que puedes realizar
Padre Santo,
Gracias porque nos has llamado a vivir la unidad y el amor.
Perdona las veces en que mi orgullo, mi egoísmo o mi falta de paciencia han herido nuestro matrimonio.
Dame un corazón humilde para reconocer mis errores y la valentía para buscar siempre la reconciliación.
Ayúdame a cuidar la alianza que hemos celebrado delante de Ti.
Que nunca permita que el resentimiento, la indiferencia o la falta de diálogo destruyan lo que Tú has unido.
Enséñanos a mirarnos con misericordia, a escucharnos con respeto y a caminar juntos hacia la santidad.
Haz que nuestro hogar refleje, dentro de nuestras limitaciones humanas, algo del amor, la comunión y la fidelidad que existen eternamente entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Que cada dificultad nos acerque más a Ti y también entre nosotros.
Concede que nuestro matrimonio sea un testimonio vivo de tu amor para nuestros hijos, nuestra familia y todos aquellos que nos rodean.
Amén.